El amanecer pintaba el cielo con tonos dorados y carmesí, como si el universo mismo reconociera el peso de lo que acababa de suceder. La batalla había terminado. La Orden había sido erradicada. Pero lo que quedaba ahora era aún más trascendental.
Aurora estaba sentada en la cama, envuelta en las sábanas mientras observaba a Damien, quien estaba de pie junto a la ventana, con la mirada clavada en el horizonte. Su silueta era la de un rey, un guerrero que había cruzado el infierno y regresado co