El amanecer apenas empezaba a teñir el cielo con tonos suaves de dorado y gris cuando Aurora, Damien, Freya y Elias finalmente se adentraron en un claro oculto entre las montañas. Las ramas de los árboles centenarios parecían formar una bóveda natural, sus hojas susurrando con un lenguaje ancestral que parecía antiguo y vivo.
—Este es el Refugio de las Sombras —murmuró Freya, levantando una mano mientras trazaba un símbolo en el aire—. Nadie que no esté invitado puede cruzar su barrera.
Aurora