El santuario del Refugio de las Sombras parecía contener su aliento mientras el grupo se reunía alrededor del altar. Las runas grabadas en la piedra brillaban con una luz dorada, pulsante, como si respondieran directamente a Aurora. El aire estaba cargado de una energía que ninguno de ellos había sentido antes, una mezcla de promesa y advertencia.
Aurora se llevó una mano al pecho, intentando calmar el latido frenético de su corazón. La visión que había recibido aún la perseguía: fragmentos de