El grupo avanzaba lentamente a través del bosque, apenas iluminado por la luz pálida de la luna. Después de la batalla en el santuario del cristal, las fuerzas de todos estaban agotadas, pero el peligro no se había disipado del todo. Damien, aún herido, caminaba junto a Aurora, su presencia como un faro constante de protección, aunque su rostro mostraba el cansancio acumulado.
Freya y Elias lideraban el camino, lanzando hechizos suaves para disipar cualquier rastro de energía oscura que pudiera