El aire en las profundidades de la cueva era diferente, denso y pesado, como si cada respiración exigiera un esfuerzo. Las paredes comenzaron a brillar con un resplandor tenue, un azul profundo que parecía pulsar al ritmo de sus propios corazones. Damien lideraba el grupo, su postura alerta y sus sentidos en tensión, mientras Aurora, a su lado, mantenía la mirada fija en el camino que tenían delante.
Elias y Freya caminaban detrás, intercambiando murmullos sobre las runas y los patrones que se