NAHIA
Salimos del vestíbulo y nos adentramos más en este lugar donde todo es oro, cristal y mármol pulido, las paredes adornadas con espejos que reflejan nuestro paso, multiplicando nuestras siluetas como si quisieran encerrarlas en un laberinto de reflejos, y ya me siento atrapada en una puesta en escena de la que soy tanto la actriz como el trofeo.
Los pasos de quienes nos preceden resuenan débilmente, amortiguados por el grosor de las alfombras, y cada susurro de seda, cada tintineo de crist