NAHIA
Su aliento se separa del mío, siento su calor retirarse, su cuerpo que me abandona de golpe como si el fuego que me consumía debiera interrumpirse bruscamente, y me quedo jadeante, vacía y, sin embargo, aún tensa, la mirada ahogada de deseo, la piel marcada por sus manos y sus labios. Quisiera que se quedara, que continuara, que me mantuviera aún bajo él, pero se incorpora lentamente, sus ojos ardientes todavía fijados en los míos, y su autoridad me clava más seguramente que su peso.
Sus