NAHIA
Permanece agachado frente a mí, el rostro todavía húmedo, marcado por la sal de mis lágrimas y el calor de mi cuerpo ofrecido, sus manos poderosas aún posadas sobre mis muslos, como para anclarse a esa verdad ardiente que le doy. Su mirada no parpadea, está allí, fija, inquebrantable, como una promesa grabada en el silencio, como si cada temblor de mi carne, cada escalofrío, cada pulsación le contara una historia que solo él puede comprender.
Lo siento incorporarse lentamente, con la maes