NAHIA
Él no habla, no me dice que me levante, no me ordena nada, simplemente espera, de pie frente a mí, su mirada deslizándose lentamente sobre mi vestido que abraza mis curvas, arrugado sobre mis piernas temblorosas, sobre mis manos crispadas alrededor del borde de la mesa, y en este silencio pesado como una tapa ardiente, siento que el verdadero suplicio comienza ahora.
Levanto lentamente la vista hacia él, y su calma me arranca un escalofrío más violento que todas sus órdenes, no necesita g