NAHIA
Creo que lo odio, lo rechazo, grito todo este fuego de ira que arde en lo profundo de mí, pero cada vez que se abate sobre mí con esa fuerza salvaje, es mi propio cuerpo quien traiciona mi voluntad, quien se pliega, quien se abre, se somete, a pesar de mí, como un esclavo a sus cadenas invisibles.
No me da ningún respiro, ninguna pausa, sus manos son a la vez crueles y expertas, recorriendo mi piel en llamas, arañando suavemente, luego apretando con fuerza, poseyéndome sin jamás acariciar