Era casi de noche cuando Alfonso Smith recibió la noticia de que su víctima se había escapado. Ordenó a sus hombres que pararan la persecución hasta que él se encontrara en París.
Se encontraba de camino al aeropuerto cuando recibió una llamada de su suegro, la cual prefirió rechazar porque le enervaba hablar con ese hombre. Sin embargo, un mensaje enviado por este le obligó a contestar la llamada.
—¿Cómo sabes que está en Los Ángeles?
—Por el auto. Descubrí que lo había vendido en ese estado