Robert Johnson abrió los ojos. Después de haber pasado varios días durmiendo, al fin había recuperado el conocimiento. La primera persona que vio fue a su padre. Robert parpadeó un par de veces. Por un momento creyó que había muerto y que estaba en el infierno; sin embargo, la imagen de Armando continuaba frente a él. Robert quiso pararse, pero el hombre lo detuvo.
—Hijo.
—¡No me llames hijo! ¡Maldito infeliz! —bufó como toro. Se removió sobre la cama buscando la manera de levantarse, no obstan