—Palomita, ¿puedo saber por qué fuiste a prisión?Astrid limpió la mejilla mojada y rememoró el pasado.«Era una noche de lluvia cuando sucedió todo aquello. Robert había pasado por su trabajo, algo que nunca hacía. Estaba muy serio y parecía disgustado, como si quisiera decirle algo y estuviera buscando la forma idónea para hacerlo. Ella posó su mano sobre la de él, que sostenía la palanca de cambios. Aquella acción atrajo la mirada de Robert y, en aquel mínimo despiste, el coche se salió del carril. Cuando Robert bajó del auto, encontró una púa de alambre enredada en la llanta. Miró con enojo a Astrid, que permanecía dentro del vehículo, y la señaló como culpable por haberlo desconcentrado. Se puso más furioso de lo que ya estaba y empezó a discutir con ella. En realidad solo discutía él, porque Astrid se encontraba en silencio, escuchando todo lo que Robert decía, y cada palabra que salía de su boca le perforaba el corazón. De pronto, aparecieron dos tipos exigiendo que entregaran
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