El corazón de Robert se hundió. Por más que trataba de controlar las lágrimas, era inevitable: estas se derramaban como agua de cascada.
—Debes escucharme, aún no termino. Eso solo es el principio.
Apretó los labios e intentó atraerla hacia él, sin embargo, Astrid mantuvo la distancia.
—No encuentro otra razón que te llevara a casarte con Ava, si no es porque querías vengarte de esa familia.
—Sí —dijo tragando saliva con dificultad.
—¡Por Dios, Robert!
Astrid se levantó, pero él le tomó la mano