Capítulo 55. El milagro de la sangre.
¡BAM!
La puerta de la cabaña voló de sus bisagras tras una patada violenta. Leonella entró como una ráfaga, con el vestido de novia destrozado, manchado de barro y el rostro desencajado por la adrenalina. En su mano derecha apretaba el estuche metálico con el reactivo que Patricio le había confiado días atrás.
—¡Papá! —gritó ella, tropezando con los restos de la entrada.
—¡El monitor está plano, Leonella! —rugió Patricio sin dejar las compresiones—. ¡Dámelo ya! ¡Se me va!.
Leonella no perdió un