Capítulo 54. Operación Resurrección.
Dos horas antes de que Augusto mandara por Aurora, el silencio en la clínica fue violado. No hubo alarmas estridentes ni advertencias. Solo el chasquido seco de silenciadores y el golpe sordo de cuerpos cayendo contra el suelo de mármol.
Patricio Casal se movía por los pasillos con la frialdad de un espectro que reclama lo que es suyo. No vestía traje de gala; llevaba un uniforme negro, el rostro endurecido por décadas de exilio y una furia que quemaba más que el alcohol en una herida abierta.