Capítulo 62. El estruendo del silencio.
Héctor sintió que el brazo le quemaba bajo la presión de los dedos de Pierina. El veneno de sus palabras no solo iba dirigido a él, sino que funcionaba como un ancla que lo hundía en el mármol del vestíbulo.
Observó la espalda de Leonella, la curva tensa de sus hombros mientras guiaba a Aurora hacia la salida. Quiso gritar su nombre, quiso soltarse con un movimiento brusco y correr hasta alcanzarla, pero la palabra "hijo" resonaba en su cabeza con la fuerza de una sentencia de muerte.
—Suéltame