Capítulo 63. La sentencia de papel.
Alessandra se quedó pálida, con las palabras quemándole la garganta. El silencio en el pasillo del hospital se volvió un abismo.
Héctor la miraba con los ojos entrecerrados, las venas de su cuello marcadas como cuerdas de acero, esperando que ella terminara la frase que había dejado suspendida en el aire.
—¿Qué hay de qué, Alessandra? —la voz de Héctor fue un susurro cargado de una electricidad peligrosa—. Termina de hablar.
Alessandra retrocedió un paso, apretando las manos contra su pecho. E