Capítulo 1. El precio de un milagro.
El olor a amoníaco y cloro del baño de la facultad de medicina le revolvía el estómago. Leonella se sostenía del lavabo, con los nudillos blancos, esperando a que el segundero del reloj avanzara. Tres minutos. Tres minutos que se sentían como una ejecución.Cuando bajó la mirada al pequeño trozo de plástico sobre el granito gris, el mundo se detuvo. Allí estaban, dos líneas rojas. Intensas. Innegables.—No, no, no… —susurró, sintiendo un escalofrío que le recorrió la columna—. Ahora no. Por favor, ahora no.Leonella cerró los ojos con fuerza. Tenía veintiún años. Dos empleos de medio tiempo que apenas le daban para comer y pagar la matrícula de la universidad. Pero lo más grave: su madre se consumía en una cama de hospital, esperando un tratamiento que costaba más de lo que Leonella ganaría en diez vidas.¿Cómo iba a traer a un niño a este desastre?Sin embargo, al acariciarse el vientre por instinto, una chispa de calidez la golpeó. Era de él. De Héctor. El hombre que la hacía olvida
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