Capítulo 64. El limbo de los De la Vega.
El silencio en el consultorio del Dr. Arismendi no era de paz, era el silencio previo a una ejecución.
Héctor estaba de pie, con los hombros tan tensos que parecían de mármol, mientras sus ojos oscuros taladraban al médico. El Dr. Arismendi se ajustó las gafas por tercera vez, evitando el contacto visual con el hombre que, con un solo movimiento, podría comprar el hospital entero solo para cerrarlo.
—Hable de una vez —ordenó Héctor. Su voz no fue un grito, fue un siseo letal que cortó el aire.