Capítulo 56. El juicio de Nicodemo.
Eugenia se quedó con la palabra en la boca. El aire en el salón de los De la Vega se volvió pesado, casi irrespirable. Nicodemo no gritaba; no lo necesitaba. Su presencia ocupaba cada rincón, haciendo que los techos altos de la mansión parecieran encogerse sobre la cabeza de su nuera.
—Nicodemo... suegro... —Eugenia intentó forzar una sonrisa, pero sus labios temblaban—. ¿Qué hace aquí? No avisó de que vendría.
Nicodemo avanzó dos pasos. El golpe seco de su zapato contra el mármol sonó como una