NORA
El día se desliza en la habitación a través de las cortinas entreabiertas, suave pero cortante, iluminando las partículas de polvo que giran en el aire como fragmentos de mi estado de ánimo aún confuso. He estado despierta un rato, acostada de espaldas, con la mirada fija en el techo, y siento mi rabia de la víspera, intacta, arder bajo mi piel, sorda e insistente, un calor que vuelve mi corazón impaciente y mis músculos tensos, como si cada fibra de mi cuerpo se rebelara en silencio.
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