NORA
El silencio que sigue es más cortante que un grito. Parte el aire, atraviesa la habitación y se abate entre nosotros como un hacha invisible. Lo siento en mi pecho, en mi vientre, en mi garganta apretada. Hay algo terrible en este vacío repentino, una tensión que ruge bajo la piel, lista para estallar. Clémence tiembla de rabia, sus dedos blanquecen al aferrarse al borde del escritorio, su mirada es un destello de cristal. Solo espera una palabra, un signo, una justificación. Pero Hugo no