NORA
La puerta se cierra detrás de Clémence con un golpe seco, y la oficina se transforma de inmediato en una jaula cargada de calor y silencio. El aire es denso, casi palpable, saturado de esa tensión que nunca ha dejado de vibrar entre nosotros, y que cada gesto, cada aliento, electriza un poco más. Siento mi corazón latir tan fuerte que temo que se escape de mi pecho, y aun así, mis piernas no flaquean. Permanezco allí, inmóvil, pero lista, consciente de que lo que sigue no tolerará ningún r