Nora
La habitación es inmensa.
Casi vacía.
Un silencio controlado, pesado, denso como una capa de niebla interior.
Nada superfluo.
Una larga mesa negra, rectangular, en el centro.
Un vaso de agua.
Una silla.
Y él.
Hugo Vanel.
Él está ahí, ya sentado, chaqueta impecable, espalda recta, manos unidas sobre la mesa, como si siempre hubiera estado ahí.
Como si me estuviera esperando desde hace años, y no desde hace unos minutos.
No dice nada cuando entro.
Ni una sonrisa.
Ni un gesto.
Solo