Nora
Es un sonido casi imperceptible.
Una vibración breve.
Sorda.
Sin brillo.
Nada que merezca que se le preste atención.
Y, sin embargo, desde el instante en que mis ojos cruzan el nombre del remitente, algo en mí se tensa.
El aire cambia de textura.
La habitación se congela.
Sé.
No es un simple mensaje.
Es un punto de inflexión.
Una pequeña falla en la membrana de lo cotidiano.
El tipo de momento que parece anodino hasta que uno se da cuenta de que lo ha cambiado todo.
Estoy en mi habitación,