Nora
Él no me responde.
Él no me agradece.
Él no me despide.
Cierra el expediente con una lentitud metódica, casi clínica, como si acabara de sellar un espacio mental que no tiene la intención de volver a abrir, no tan pronto, no hasta que no haya comprendido lo que, en mí, todavía resiste a caer.
Luego, sin una palabra, sin una mirada, sin la menor inflexión en su postura o su aliento, se levanta, ajusta con un gesto silencioso la manga perfectamente cortada de su chaqueta, y simplemente d