Kael
No duermo más.
Desde que la vi, el descanso se ha convertido en un lujo que incluso mis insomnios se niegan a ofrecerme.
Ella ronda en mis pensamientos como una loba rabiosa, arañando mis venas, respirando en mi cuello cada vez que cierro los ojos. Y ni siquiera es su olor lo que me atormenta, ni la curva precisa de su cadera, ni el fuego de su mirada. Es otra cosa.
Algo inscrito en lo más profundo de mí.
Un llamado. Un recuerdo antiguo. Como si mi sangre la reconociera antes de que yo pud