Apenas escuché su voz afuera de mi casa, supe que no podía seguir escondiéndome. El pecho me latía con rabia. Con asco. Con esa mezcla maldita de dolor y amor que solo él sabía provocar.
Abrí la puerta de golpe. Él estaba ahí, respirando agitado, con los ojos clavados en los míos, con esa cara de *"vine a arreglarlo todo"*. Pero yo no quería que lo arreglara. Yo quería romperlo. Como él me rompió a mí.
No dije nada. Caminé directo al sofá, tomé el celular y regresé. Se lo lancé al pecho con tan