Capítulo 47

La casa de mis padres olía a guiso y a pan recién horneado. Era como si el tiempo se hubiera detenido desde la última vez que estuve allí. Mi mamá me abrazó con la misma fuerza de siempre y mi papá, con ese aire formal que solo se ablanda cuando estamos solos, me besó la frente con cariño.

—Te ves agotada, hija. Pero más linda que nunca —dijo mi madre mientras me guiaba hacia el comedor.

Yo sonreí. Mentí con la sonrisa. Por dentro, todavía llevaba la tensión de ese viaje con Fabián, de su silen
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