Amanecí antes de que sonara la alarma. Mi cuerpo estaba cansado, pero la idea de ver a mis padres me daba una calma que no sentía desde hacía meses. Me levanté, preparé una maleta ligera con lo justo, revisé la carpeta con los documentos de la alianza y me aseguré de llevar algo decente para la reunión del lunes.
Al salir al andén a buscar un taxi, lo vi.
Fabián.
Apoyado en la puerta trasera de su camioneta negra, vestido como si el mundo no lo tocara. Sus ojos escondidos tras gafas oscuras,