El resto del día transcurrió entre el vacío y el silencio. La pelea todavía resonaba en mi cabeza como un eco imposible de callar. Sentía los ojos hinchados de tanto llorar, pero no quería permitirme ni una lágrima más por Fabián. No valía la pena. No después de todo lo que había dicho… de cómo me había tratado, como si yo fuera una carga, una mentira, un error.
Pasé la mañana limpiando mecánicamente, recogiendo pedazos rotos de lo que alguna vez fue mi refugio… nuestra burbuja. Fui a hacer me