Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Sus manos recorrieron mi espalda, y nuestras bocas se encontraron con una mezcla de furia, amor, frustración y deseo. Me besó como si estuviera reclamando lo que era suyo, como si el mundo entero se viniera abajo si no me tocaba. Lo besé de vuelta porque, maldita sea, también era mía su boca, su cuerpo, su alma podrida.
Casi sin darnos cuenta, llegamos hasta mi habitación. Me empujó suavemente sobre la cama y se deshizo de su chaqueta. Yo ya no tenía fuer