—No más mentiras, Fabián. No más.
Mi voz salió más fuerte de lo que pretendía, pero ya no tenía fuerzas para callarme.
Él se quedó quieto, con el celular aún en la mano, como si le costara entender lo que acababa de decirle. O como si le doliera, pero no supiera cómo responder sin hacerme más daño.
—Ana, yo…
—Te lo estoy pidiendo como nunca antes te he pedido algo —interrumpí, apretando las sábanas con los dedos—. No me ocultes más cosas. No decidas por mí. No me protejas a tu manera. Solo… dim