Tan tuyo, tan mía (1era. Parte)
La misma noche
Úglich, cerca de Moscú
Katya
Supongo que todos buscamos un refugio cuando alguien nos desviste el alma por primera vez. Porque sí, hay mariposas que revolotean como locas en el estómago, una corriente eléctrica que nos atraviesa cada vez que esa persona roza siquiera nuestro brazo, y esa sonrisa tonta que se nos instala como si no pensara irse jamás. Pero también está el vértigo. Ese hueco en el pecho que aparece justo cuando miramos al otro y nos damos cuenta de que ya no hay vu