Tan tuyo, tan mía (2da. Parte)
Tres días después
Úglich, cerca de Moscú
Maskim
Supongo que no existe coraza capaz de contener lo que el corazón grita. No hay muro que lo detenga ni ley que lo discipline. Es un animal salvaje que escapa de todas las jaulas, un tambor que no sabe tocar en silencio. Por más que intentes ignorarlo, late, arde, insiste. Porque, aunque creas que sigues al mando, hace tiempo que el amor tomó el timón y tú solo finges que puedes frenar la marea.
Uno siempre cree que puede salir ileso, que bastará co