—¿Puedo saber qué está pasando aquí? —preguntó sin saludar, sin mirar a nadie, sin pedir permiso. Simplemente avanzó, ocupando el centro de la habitación.
Lucas enderezó la espalda instintivamente.
Eduard cerró los ojos un segundo, como si pidiera paciencia al universo.
Sofía, en cambio, sintió una punzada en el estómago.
Cada aparición de Isabel significaba juicios, presión… y mentiras.
—Estamos en medio de algo importante —dijo Eduard, serio.
—Y yo soy tu madre —respondió ella—. Importante so