Eduard no durmió.
No porque tuviera miedo.
Sino porque pensar se había convertido en un acto violento.
Sentado en el borde de la cama, con los antebrazos apoyados sobre los muslos y la espalda ligeramente encorvada, miraba la pared sin verla realmente. Su mente iba y venía como un animal encerrado, golpeando los mismos puntos una y otra vez.
Natalia apareciendo donde no debía.
El mensaje anónimo.
El hombre de la cicatriz.
La frase de Ethan, lanzada como una cerilla: tú ya lo sabes.
Y Leonard… s