Sofía no dijo nada durante el desayuno.
No porque no tuviera cosas que decir, sino porque cada palabra que se le cruzaba por la mente parecía demasiado grande para la mesa, demasiado peligrosa para el momento.
Eduard hablaba.
De proveedores.
De fechas.
De lo fácil que sería adelantar ciertos trámites si se movían “con discreción”.
Sofía asentía.
Y mientras tanto, pensaba en la carpeta escondida bajo el colchón de la habitación.
En el nombre de su madre biológica.
En la sensación incómoda de hab