Mundo de ficçãoIniciar sessão—Vamos al despacho. Ahora —ordenó él, aunque la voz no llevaba el filo de otras veces. Era un filo diferente. Un filo preocupado.
Ella lo siguió en silencio, consciente de cómo Lucas se mantenía siempre a un paso detrás, atento a cualquier detalle fuera de lugar. La puerta se cerró con un chasquido suave, pero definitivo. El despacho de Eduard siempre la intimidaba: madera oscura, libros alineados como soldados, un aroma tenue a cuero y café.Eduard se detuvo frente al gran






