Mundo ficciónIniciar sesión—Vamos al despacho. Ahora —ordenó él, aunque la voz no llevaba el filo de otras veces. Era un filo diferente. Un filo preocupado.
Ella lo siguió en silencio, consciente de cómo Lucas se mantenía siempre a un paso detrás, atento a cualquier detalle fuera de lugar. La puerta se cerró con un chasquido suave, pero definitivo. El despacho de Eduard siempre la intimidaba: madera oscura, libros alineados como soldados, un aroma tenue a cuero y café.Eduard se detuvo frente al gran ventanal.—Lo que ocurrió anoche no es normal —dijo finalmente, sin girarse—. Alguien trató de entrar en mis archivos personales. No los de la empresa. Los míos.Sofía frunció el ceño.—¿Y qué guardas ahí?Él se volvió despacio.—Cosas que… solo concernían a mi familia. Hasta ahora.Ella sintió un frío repentino recorriéndole la espalda.—¿Crees que tiene algo que ver con… lo de ayer? Con el trastero. Con ese hombre.—Sí —ad






