Eduard Wood odiaba sentirse fuera de control.
Y llevaba demasiados días sintiéndose exactamente así.
Por eso, a la mañana siguiente, pidió algo que no solía pedir:
—Quiero hablar con vosotras dos —dijo—.
Isabel y Natalia se miraron un segundo.
Aquello les convenía.
Se reunieron en el despacho.
Eduard estaba de pie junto a la ventana, mirando los jardines.
—Ayer hablé con Sofía —empezó—.
—Dice —continuó— que antes del accidente yo la dejaba bastante libre. Que pasaba más tiempo contigo, Natali