La mañana amaneció gris, pero la mansión Wood tenía esa extraña capacidad de hacer que incluso el mal tiempo pareciera parte del decorado.
Sofía bajó a la cocina en silencio, intentando ignorar el latido incómodo que llevaba desde la noche anterior.
La sombra al final del pasillo.
La mirada de Eduard.
La pregunta que no se atrevió a responderle.
Demasiado para un solo día.
Cuando empujó la puerta de la cocina, Natalia estaba sentada en la isla central, con el móvil en la mano y una sonrisa mole