Una grieta

Horas después.

La conversación con los Becker quedó atrás, pero el eco del enfrentamiento seguía vibrando en las paredes de la casa como un terremoto silencioso.

A Sofía le temblaba ligeramente la mano cuando recogió los papeles que Isabel había dejado caer sobre la mesa. No sabía si era rabia, miedo o… otra cosa que no quería explorar.

Eduard, de pie frente a ella, parecía tan tenso como ella misma.

Isabel salió del salón sin mirar atrás.

Natalia la siguió, enfadada y satisfecha a la vez.

Lucas cerró la puerta.

Y Sofía y Eduard se quedaron solos.

Otra vez.

Eduard fue el primero en hablar.

—No quiero que te fuerces a nada —dijo. Su tono estaba entre el cansancio y algo más profundo—. No quiero que esto sea… así.

Sofía lo miró.

—Pero lo es —respondió—. Y lo seguirá siendo mientras los Becker y tu madre sigan presionando.

Él frunció el ceño.

—No soy un niño para que decidan por mí.

—Pues lo están decidiendo igual —replicó Sofía.

Aquello le dolió. Se notó en el leve retroceso de su pec
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