El reflejo de Sofía en la ventana del autobús casi no parecía ella.
Se había escapado de la mansión con la excusa de “comprar café”, pero en realidad solo necesitaba sentirse persona durante unos minutos.
Personas normales cogían autobuses.
Personas normales podían perderse en la multitud.
Personas normales no eran mercancía en acuerdos empresariales.
A ella hacía nueve meses que le habían arrebatado esa normalidad.
Bajó en la calle habitual.
Entró en la cafetería habitual.
Pidió el té habitual