La niebla era espesa en la madrugada, como si la misma tierra intentara ocultar lo inevitable.
Khael Lorenz avanzaba con paso firme por el linde del bosque. El cuero oscuro de su abrigo estaba empapado por el rocío, pero no se detenía.
A su lado, venía Nayara con la cabeza en alto, envuelta en una capa gris que ocultaba sus armas, caminaba con la mirada fija en el horizonte. Atrás, los guerreros de su antigua manada Fuego de Luna los seguían en silencio. Guerreros que fueron enviados a matar