Gael Lorentz caminaba por el bosque con pasos pesados, cada pisada hundiéndose en la tierra húmeda como si cargara siglos de traición sobre los hombros.
El aire olía a corteza vieja, a hojas rotas, a recuerdos. El sol apenas se filtraba entre las ramas altas, y sin embargo, él lo sentía: todo estaba más claro que nunca.
Había ido al cementerio. Había cavado con sus propias manos. La tumba 35 estaba vacía.
No había cuerpo en esa tumba . No había muerte. No había verdad.Solo mentiras .