El reloj marcaba las 8:45 de la noche.
El aire dentro del gran salón de conferencias de Force Corporation era denso, cargado de expectación y murmullos. Afuera, una multitud de periodistas se amontonaba tras las vallas metálicas, gritando preguntas, cámaras en alto, micrófonos listos, mientras la lluvia comenzaba a caer, pegando los flashes contra los cristales del edificio como una tormenta eléctrica.
Los miembros del equipo de seguridad intentaban mantener el orden.
Había periodistas de moda,