El pasillo del segundo piso estaba en penumbra.
Las luces estaban apagadas, solo la claridad de la luna se filtraba por los ventanales, dibujando sombras largas sobre la alfombra.
La habitación de Logan estaba al final del corredor.
Nathan se detuvo frente a la puerta, dudó unos segundos, pero su respiración se agitó y, sin tocar, giró el picaporte.
Entró.
El cuarto estaba en silencio, con el aire impregnado del aroma a cuero y perfume amaderado.
Logan estaba allí, de espaldas, frente al espejo