Nathan bajó las escaleras con pasos apresurados, el pecho aún agitado y las manos temblando por lo que acababa de ocurrir arriba, en la habitación de Logan. El sabor de sus labios seguía en los suyos, y el eco de ese beso prohibido le martillaba la mente una y otra vez. Se pasó una mano por el rostro, intentando calmarse antes de volver a la realidad que lo esperaba abajo.
El aroma dulce lo golpeó primero. En la mesa del comedor, Nara colocaba con cuidado unas copas de cristal llenas de un pos