El bar seguía lleno de luz tenue y música jazz, pero Nathan y Logan habían logrado crear su propia burbuja, un espacio donde todo lo demás parecía desvanecerse. Los vasos de whisky, ya medio vacíos, reflejaban el brillo de las lámparas sobre la madera pulida, y el sabor fuerte del alcohol comenzó a relajar barreras, a enturbiar las certezas de ambos.
—No puedo creer que logres mantener esa calma incluso después de todo —dijo Logan, apoyando el codo en la mesa y girando el vaso entre sus dedos.